Dos idiomas, una sola voz: crear desde Cataluña sin pedir permiso al mercado
Photo: Didier Descouens, Public domain, via Wikimedia Commons
Hay una conversación que los creadores catalanes tienen constantemente, a veces en voz alta y a veces solo en su cabeza: ¿en qué idioma publico esto? ¿A quién quiero llegar? ¿Estoy dispuesto a sacrificar alcance por autenticidad, o autenticidad por alcance?
No es una pregunta sencilla. Y no tiene una respuesta universal. Pero sí hay formas de pensarla que ayudan más que otras.
La tensión real detrás de la elección lingüística
Cuando un creador catalán decide escribir, grabar o publicar en catalán, está tomando una decisión que afecta directamente a su audiencia potencial. El catalán es la lengua materna de unos diez millones de personas. El español llega a más de quinientos millones. Los números son los que son.
Pero reducir esta decisión a una cuestión de alcance es simplificar demasiado. Porque la lengua no es solo un vehículo de comunicación: es un marco cultural, una forma de ver el mundo, un conjunto de referencias compartidas que crean comunidad de una manera que la traducción nunca puede replicar del todo.
Un chiste en catalán no es el mismo chiste en castellano. Una canción en catalán no tiene el mismo peso emocional traducida. Hay algo que se pierde en el trasvase, y ese algo puede ser precisamente lo que hacía especial al original.
El mercado como excusa y como realidad
Es fácil usar el mercado como argumento para justificar cualquier decisión. «El mercado pide contenido en español», se dice. Y es verdad, en parte. Pero el mercado también ha demostrado que cuando algo es suficientemente bueno y suficientemente auténtico, encuentra su camino independientemente del idioma en que esté.
Piensa en el éxito internacional de series como Merli, producida originalmente en catalán para TV3. O en artistas como Rosalía, que aunque canta en español, lleva su identidad cultural andaluza tan pegada a la piel que se convierte en su sello más distintivo a nivel global. La autenticidad cultural no es un freno: puede ser el motor.
El problema no es el catalán. El problema es pensar que el catalán es el problema.
Cómo navegan esta tensión los creadores como Jordi Piera
Jordi Piera representa muy bien este equilibrio. Criado en una Cataluña donde las dos lenguas conviven en el día a día, su universo creativo no elige entre una identidad y otra: las integra. No como compromiso, sino como riqueza.
Esa capacidad de moverse con naturalidad entre el catalán y el español, de entender los códigos culturales de ambos mundos sin sentirse extraño en ninguno, es una ventaja que pocos creadores tienen. Y que, bien aprovechada, permite llegar a audiencias muy distintas sin perder coherencia interna.
No se trata de ser todo para todos. Se trata de ser genuinamente tú en más de un registro.
La identidad cultural como diferenciador, no como límite
En un ecosistema digital donde todo tiende a homogeneizarse —los mismos formatos, las mismas tendencias, los mismos sonidos— la especificidad cultural es cada vez más valiosa. El público está saturado de contenido genérico. Lo que busca, aunque no siempre lo sepa articular, es algo que sienta real, que venga de algún lugar concreto, que tenga raíces.
Un creador catalán que abraza su identidad —con sus referencias literarias, su humor particular, su forma de entender el territorio y la comunidad— ofrece algo que no puede copiar nadie que no venga de ahí. Eso es un diferenciador enorme.
Claro que también implica aceptar que no todo el mundo lo va a entender. Que habrá audiencias que no conecten, referencias que no aterricen, contextos que se pierdan. Pero las audiencias que sí conecten lo harán de una manera mucho más profunda y duradera.
Estrategias para creadores bilingües o multiculturales
Si te encuentras en esta situación —creando desde una identidad cultural específica dentro de un mercado más amplio— hay algunas ideas que pueden ayudarte a navegar el terreno.
No elijas entre idiomas, elige entre contextos. Hay contenidos que funcionan mejor en catalán y contextos donde el español tiene más sentido. No tiene que ser todo o nada. Puedes tener una presencia principal en un idioma y una presencia complementaria en el otro, sin que eso te reste coherencia.
Explica tu mundo en lugar de esconderlo. Si tus referencias culturales no son universalmente conocidas, no las elimines: explícalas. Muchas veces lo que parece una barrera se convierte en una puerta de entrada para gente que quiere conocer algo nuevo.
Encuentra tu comunidad de referencia primero. Antes de intentar llegar a todos, llega bien a los tuyos. La comunidad catalanohablante, aunque más pequeña, puede ser un punto de partida sólido desde el que crecer hacia audiencias más amplias con una base ya construida.
Abraza la mezcla sin disculparte por ella. El code-switching, mezclar lenguas y referencias culturales, no es una debilidad. Es un reflejo honesto de cómo vive mucha gente en Cataluña. Y esa honestidad tiene su propio público.
Una voz que no pide permiso
Al final, la pregunta no debería ser «¿en qué idioma tengo que crear para que me acepten?». La pregunta debería ser «¿en qué idioma me sale más natural lo que tengo que decir?».
El mercado puede orientarte, pero no puede decidir por ti quién eres. Y los creadores que han intentado borrarse a sí mismos para encajar en lo que el mercado pedía casi siempre han terminado produciendo algo más pequeño que lo que habrían hecho siendo fieles a su propia voz.
Crear desde Cataluña, en catalán o en la mezcla que te salga, no es una limitación. Es una posición. Y desde una posición clara siempre se llega más lejos que desde el territorio difuso de intentar gustarle a todo el mundo.