Basta de jerarquías: el entretenimiento es cultura y España todavía no lo ha asumido
Photo: LosCriticologos, CC BY 3.0, via Wikimedia Commons
Existe una frase que me saca de quicio: "no es cultura, es ocio". La he escuchado en sobremesas, en ruedas de prensa y en comités que deciden presupuestos. Y cada vez que la oigo, pienso lo mismo: tenemos un problema de vocabulario que es en realidad un problema de poder.
La jerarquía que ya nadie respeta
España arrastramos una división heredada: por un lado, la cultura con mayúsculas, la que va al teatro clásico, la que sale en los suplementos culturales de los domingos. Por otro, el entretenimiento, ese pariente pobre que entretiene pero, según la versión oficial, no eleva.
El problema es que el mundo real lleva años desmintiendo esta clasificación. 'La casa de papel' y 'Élite' han llevado el español a rincones del planeta donde nuestros clásicos jamás llegaron. Videojuegos hechos en Barcelona o Madrid compiten en un mercado global que mueve más dinero que el cine y la música juntos. Podcasts como los de La Casa de los Podcasts o el fenómeno del humor digital han creado comunidades de fans más fieles que cualquier abono de temporada.
Y sin embargo, cuando estos creadores piden reconocimiento institucional, la conversación se atasca.
Dos caminos que no se cruzan
Ahí está la paradoja: el reconocimiento popular y el institucional van por carriles separados. Un creador digital puede tener millones de seguidores y no existir para los Premios Nacionales. Un videojuego español puede ganar premios internacionales y aparecer en una nota de prensa del ministerio como si fuera un logro ajeno.
Esto no es solo injusto: es un desperdicio estratégico. Los países que han entendido que el entretenimiento es una industria cultural —Corea con el K-pop y sus series, Reino Unido con toda su tradición de música popular— han convertido esa legitimación en política de Estado y en negocio.
Qué se puede hacer desde la industria
- Financiación sin prejuicios de formato. Que los fondos culturales evalúen proyectos, no etiquetas. Un podcast bien hecho merece la misma consideración que un libro de relatos.
- Premios que reflejen el presente. Los galardones deben incluir categorías reales para videojuegos, creación digital y humor, no categorías simbólicas de regalo.
- Formación híbrida. Las escuelas de cine, música y diseño deben enseñar también las lógicas de las plataformas digitales, porque ahí está el público y ahí estará el trabajo.
Y desde el público
- Dejar de pedir perdón por lo que nos gusta. Ver series, jugar o escuchar podcasts no es una culpa pendiente de redimir con teatro.
- Consumir con criterio. Que el entretenimiento sea cultura no significa que todo valga lo mismo. Exigir calidad en lo popular es tan importante como defender lo popular en las instituciones.
- Contar lo que consumimos como parte de nuestra identidad cultural, no como un apéndice vergonzante.
El canon se escribe ahora
Dentro de veinte años, cuando alguien estudie la cultura española de esta época, no estudiará solo novelas y películas de autor. Estudiará series, videojuegos, humor de redes y podcasts. La pregunta no es si el entretenimiento es cultura: es cuánto tiempo más tardaremos en decirlo en voz alta y actuar en consecuencia.
El ocio también es cultura. Y en España, aceptarlo no es una concesión: es una deuda pendiente.